Anatómicos

Muchos zapatos son demasiado estrechos para la forma natural de los pies. Se restringen los dedos de los pies y la presión sobre el pie no es distribuida de manera uniforme. Las posibles consecuencias son el dolor y la deformación de los pies.

El calzado debe proteger frente a la agresividad de los ambientes urbanos, al mismo tiempo que debe proporcionar confort térmico (relacionado con sudor, frío, calor,...) y mecánico (entendido como la sensación de comodidad que el usuario tiene con el calzado), asegurando que éste cumpla su función sin dar lugar a lesiones ni daños.

Además el calzado adecuado debe ser de acuerdo a la forma natural de un pie sano, distribuir el peso uniformemente entre los pies y permitiendo el libre movimiento.

Estas propiedades dependen, desde el punto de vista de la biomecánica, de una serie de aspectos de diseño:

  • Adaptación a la forma del pie durante la marcha sin oprimirlo, para evitar rozaduras y deformidades.
  • Adaptación a los movimientos del pie para no entorpecer sus movimientos proporcionando una marcha estable y económica. Es decir, para permitir la marcha sin más esfuerzo del necesario.
  • Amortiguación de los impactos del pie con el suelo al caminar para evitar lesiones y aumentar el confort.
  • Distribución de las presiones que se soportan en la planta del pie para evitar puntos dolorosos.
  • Interior del calzado bien acabado para prevenir problemas con la piel, eliminando costuras burdas o mal dispuestas.
  • Confort térmico para evitar sudor excesivo.
  • Agarre al suelo para librarse de resbalones y caídas.

Todo esto es lo que convierte a un zapato en sano para sus pies.